Nadia Ferrari
03/03/2022

La Justicia da luz verde a la despenalización del aborto en Colombia

En Argentina, México y Colombia los tribunales superiores de justicia dieron el primer paso al frente para despenalizar el aborto y que no haya mujeres presas por interrumpir un embarazo. La marea verde es un signo regional que nació en el sur y se convirtió en una bandera de autonomía y derechos sexuales.

Por Luciana Peker, para Infobae

En Argentina, en 2012, la Corte Suprema de Justicia de la Nación emitió el fallo F.A.L. en un caso que no necesitaba resolución -el aborto ya estaba realizado- por decisión de la ex magistrada Carmen Argibay quien decidió que, después de formar parte del Tribunal de La Haya para juzgar la violencia sexual en la guerra de la ex Yugoslavia, le tocaba mover una ficha para hacer avanzar los derechos de las mujeres.

A partir de ese antecedente (hace ya una década), el aborto quedó prácticamente legalizado ya que se admitía que no eran punibles los abortos por causales: en caso de salud (física o emocional), de violación, de embarazo inviable o de riesgo de muerte. La Justicia dio el primer paso y, ocho años después, llegó la legalización del aborto por parte del Congreso Nacional el 30 de diciembre del 2020.

En México también la Corte se adelantó a la política y decretó la despenalización en un fallo histórico. Antes, tanto la Ciudad de México (en 2007) como otros estados, Oaxaca (2019) Hidalgo (2021), Veracruz (2021) Baja California (2021) y Colima (2021) habían avanzado en la legalización del aborto. Son seis estados de 32 pero van marcando la cancha.

Pero si, en un mundo en pandemia, guerra, corrupción y cuestionamientos, la política va y viene, y se queda paralizada, la Justicia da el gran paso. La estrategia de la vía judicial ya se convirtió en una forma de aunar las estrategias sociales, de movilización, de redes sociales y de analizar la vía jurídica.

La verdad es que la política ya está desteñida de ilusiones y, en ese sentido, el gobierno de Andrés López Obrador no trajo beneficios para las mujeres a pesar de -supuestamente- jugar en el ala izquierda del tablero político. El Presidente no quiere hablar y, si habla es para esquivar o para decir que la sociedad tiene que estar a la altura del debate (una altura que nunca llega, sino que más bien baja de estatura con un mundo que parece retroceder y no avanzar).

Que no hable de ello no quiere decir que nos opongamos a que se manifiesten quienes están a favor de estos cambios que ocurrirán cuando haya condiciones en la sociedad”, dijo a finales del año pasado. Pero es un tema que no quiere abordar para “no provocar enfrentamientos”.

En Colombia, la Corte despenalizó el aborto y se sumó a los países en donde las mujeres pueden ser libres y no morir en el intento. La ola verde hace efecto vía judicial e implica un cambio de paradigma. Tanto que el primer mundo y el tercero invierten roles y las normas latinoamericanas avanzan por sobre los estándares europeos que fueron pioneros pero que hoy tienen leyes que atrasan y con movimientos de mujeres que miran con fervor lo que pasa en una región a la que siempre le quisieron enseñar cómo progresar y de la que hoy pueden aprender cómo construir resistencia y futuro.

El 7 de septiembre del 2021 la Suprema Corte de México despenalizó el aborto tras una decisión histórica votada por unanimidad. El 21 de febrero, en Colombia la Corte Constitucional siguió el camino de la Corte argentina y de la mexicana. Hubo diferencias y el partido se definió 5-4 pero ganó el derecho a decidir por mayoría simple.

La despenalización judicial es una forma de mostrar cómo el poder de las mujeres se ejerce en distintos poderes. “A partir de ahora no se podrá procesar a mujer alguna que aborte en los supuestos considerados por este tribunal”, sostuvo, en un discurso histórico, el Presidente de la Corte mexicana, Arturo Zaldívar. Es una “nueva ruta de libertad, claridad, dignidad y respeto y un gran paso en la lucha histórica por la igualdad y el ejercicio de sus derechos”.

“Los pañuelos verdes han ondeado en la calle”, describió una crónica del diario El País. Y un título de Infobae México resaltaba: “Sube la marea verde en México: aborto legal en seis estados y una decisión judicial histórica en 2021″. Los pañuelos verdes no fueron un recorte, sino un símbolo uniforme en las fotos de los festejos por la legalización del aborto en Colombia.

Las viejas verdes es una de las agrupaciones emblemáticas que le dio otro formato a la lucha por la legalización del aborto. Los antiguos reclamos feministas se trenzaron con dinámicas modernas, en Instagram, en Tik Tok, en los memes y las redes. En Medellín las jóvenes se subían a las estatuas de Botero para salirse de los estereotipos de la delgadez y hacer del arte latinoamericano un mural simbólico en donde la libertad tiene el color esperanza.

Los pañuelos verdes nacieron en Argentina en claro homenaje a los pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo. La forma de reconocerse en la clandestinidad a través de los pañales de sus hijos que estaban desaparecidos se volvió un reclamo por la maternidad deseada. No se trata de ser madres, o de no serlo, se trata de derechos, de deseos y de decisiones. Y del derecho a decidir y desear.

El pañuelo verde fue elegido en un Encuentro de Mujeres, en 2004, en Rosario, según cuenta la activista pionera de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito Martha Rosenberg. Es muy impactante que muchas mujeres se hicieron feministas durante el exilio en México (que hoy toma el verde como un destino al que albergó y ayudó a construir) y Francia, como la abogada, Dora Coledesky.

“El pañuelo verde forma parte de una ritualidad cívica que une sentidos y luchas, sin dejar de lado las particularidades identitarias y locales, ni la tensión entre lo individual y colectivo en el contexto feminista contemporáneo”, definió la historiadora Karina Felitti en el artículo “Pañuelos verdes por el aborto legal: historia, significados y circulaciones en Argentina y México”. Ella también destaca que la incidencia e impacto del pañuelo verde superó los cálculos más optimistas y que, a partir del 2018, se convirtió en un signo de la lucha por los derechos sexuales y reproductivos en América Latina.

Es llamativo que la marea verde, que tuvo su epicentro hace cuatro años, sigue circulando en mochilas, carteras, cuellos y muñecas, pero con menor intensidad –y mayor persecución- en Argentina. Pero emergió con más protagonismo y una presencia simbólica rotunda en México, Colombia y, aún en la clandestinidad, por la represión del gobierno, en países como Nicaragua en donde ser feminista es sinónimo de ser perseguida y el pañuelo verde es un guiño de resistencia.

Otro lazo significativo entre los fallos de México y Argentina es que fueron fruto de los sectores anti derechos que quisieron sentar precedentes contrarios a la legalización del aborto y la justicia no hizo eco, al menos por un rato, al reclamo conservador.

En el caso argentino un defensor de menores quiso castigar a una adolescente violada de Trelew que ya había abortado y, aún sin necesidad de fallar (el derecho ya había sido ejercido) fue una decisión (y un legado) de la Jueza Carmen Argibay que quiso dejar asentado que no se podía penalizar a quienes interrumpían un embarazo ni a sus acompañantes (las siglas F.A.L. no corresponden a la adolescente, sino a su madre).

En el caso mexicano el pedido de intervención fue por un pedido de inconstitucionalidad que les había llegado desde los estados de Coahuila y Sinaloa. La demanda fue un boomerang. No se acrecentó la prohibición, sino la comprensión. “Se destierra la amenaza de la prisión sobre las mujeres y el estigma”, recalcó el magistrado Luis María Aguilar Morales.

En Colombia no fue para prohibirlo, sino para despenalizarlo. La demanda surgió, en el 2020, del movimiento Causa Justa compuesto por más de noventa organizaciones. El reclamo se realizó con el objetivo de lograr autonomía para decidir sobre los proyectos de vida y reconocimiento legal para que las mujeres conquisten la ciudadanía plena.

En Colombia, desde 2006, el aborto era legal por causales ya que el Código Penal consideraba legal el aborto en caso de violación o incesto, malformación fetal que haga inviable su vida o cuando la continuación del embarazo constituya peligro para la vida o la salud de la mujer (certificada por un médico).

La Corte Constitucional exigió políticas públicas que incluyan “la divulgación clara de las opciones disponibles para la mujer gestante durante y después del embarazo, la eliminación de cualquier obstáculo para el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos que se reconocen en esta sentencia, la existencia de instrumentos de prevención del embarazo y planificación, el desarrollo de programas de educación en materia de educación sexual y reproductiva de todas las personas, medidas de acompañamiento a las madres gestantes que incluyan opciones de adopción, entre otras, y medidas que garanticen los derechos de los nacidos en circunstancias de gestantes que desearon abortar”.

La Justicia despenalizó el aborto hasta la semana 24 y la cuestión de los plazos es lo que más polémica generó en medios y redes. La experiencia de la legalización en Argentina demuestra que la mayoría de los casos se dan en las primeras seis semanas y, aunque el aborto por causales no tiene límites, en la práctica solo se requiere para situaciones de especial vulnerabilidad (por no contar con atención médica, ser niñas violadas, no tomar conocimiento del embarazo) o de condiciones de salud que se producen en el transcurso del embarazo.

“El 97% de las personas que llaman están en edades gestacionales menores a 15 semanas (en el marco de los plazos estipulados por la ley argentina que llega a las 14 semanas)”, describió Valeria Isla, Directora Nacional de Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Salud de la Nación, sobre las consultas a la Línea de Salud Sexual (0800-222344) para acceder a la Interrupción Voluntaria del Embarazo.

Los datos de Argentina muestran que si nadie busca un aborto como un plan para salir de fiesta mucho menos las mujeres patean para adelante la posibilidad de abortar porque se quedaron limando las uñas. Las cifras indican, claramente, que a más derechos y a mayor comunicación, las Interrupciones Voluntarias del Embarazo (IVE) se realizan antes y mejor y, casi siempre, en los plazos generales que establece la norma argentina (14 semanas) y cuánto antes mejor, pero que, cuando es imprescindible, los plazos pueden ser más flexibles.

Los casos en donde es necesario estirar los plazos son en los que algo excepcional sucede (y eso no es que suceda siempre). Pero no vale de nada pensar en mejorar las leyes o generar más derechos por vía del Poder Legislativo o el Poder Judicial si vamos a pensar en las mujeres sin pensar en todas las mujeres y, sobre todo, en las niñas.

Las maternidades son muy distintas. Y muy distintas a como las planificamos. Y muy distintas si no las planificamos. O si pasan cosas que atraviesan el cuerpo, las ideas y los planes. Un hijo o hija puede ser muy deseado antes de que exista y una pérdida de un embarazo puede ser muy dolorosa más allá del cronómetro o los plazos. Pero hay situaciones en las que también, más allá del tiempo, una mujer no puede convertir a su cuerpo en un féretro o en un latigazo extra por haber sido violada.

“¿Quiénes son estas malvadas mujeres que abortan en el segundo trimestre?”, se pregunta la activista Catalina Ruiz Navarro, integrante de Las Viejas Verdes, escritora del libro Las mujeres que luchan se encuentran e integrante de Volcanicas en una columna del diario El Espectador.

Catalina Ruiz Navarro responde: “Son las niñas que son víctimas sistemáticas de violación desde antes de haber tenido su primera regla y que no se dan cuenta de que están embarazadas porque ni siquiera saben lo que es eso. Sí, caben entre las causales, pero aun así sus abortos seguros no están garantizados y con la despenalización hasta las 24 semanas no habrá excusa para negarles sus derechos”.

La descripción continúa: “Son las mujeres rurales que tienen que atravesar cielo, mar y tierra para llegar a un puesto de salud en donde les niegan el servicio, y a quienes les toma semanas y hasta meses poder llegar a una ciudad para practicarse una interrupción legal del embarazo. Son las mujeres que en el segundo trimestre y descubrieron una malformación incompatible con la vida y que han tenido que luchar para que les garanticen su derecho, a pesar de estar dentro de una de las causales”.

“¿Vamos a condenar a la maternidad forzada a una niña que ha sido víctima de violencia sexual porque no se dio cuenta de su embarazo en el primer trimestre? Más de 15 años de tratar de implementar las causales no ha sido suficiente –ratifica-.Necesitamos la despenalización total para que la maternidad forzada no sea el destino de las mujeres y niñas más vulnerables en Colombia”.

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